El Valle de San Juan del Río es uno de los escenarios más antiguos de ocupación humana en Querétaro. Investigaciones arqueológicas recientes han revelado que este territorio fue un auténtico crisol de culturas, donde se desarrollaron sociedades que transitaron de grupos de cazadores-recolectores a complejas comunidades agrícolas.
Hacia el año 500 a.C., el Cerro de la Cruz marcó el inicio de la vida sedentaria en la región, con una clara influencia de la tradición cultural Chupícuaro. Siglos más tarde, la llegada de grupos vinculados a Teotihuacan transformó el panorama regional, consolidando asentamientos como El Rosario, que adquirió un papel estratégico mediante el desarrollo de arquitectura y espacios ceremoniales.
Tras la caída de Teotihuacan, el valle experimentó un periodo de crecimiento demográfico y diversidad cultural. Mientras que en la zona de El Marqués se edificaron conjuntos con patios cerrados, en Tequisquiapan surgieron centros rectores como La Trinidad, caracterizados por juegos de pelota, estructuras defensivas y arquitectura monumental.
Los estudios realizados durante la última década han permitido pasar del análisis de sitios aislados a una comprensión regional más amplia. Estos avances confirman que el Valle de San Juan del Río no solo alberga un vasto patrimonio arqueológico, sino que también desempeñó un papel relevante dentro de las dinámicas culturales de Mesoamérica.
Pintura mural de influencia teotihuacana en la zona arqueológica de El Rosarito, Querétaro.
Fotografía: Ramiro Valencia.