Gerry Cervantes
El atardecer de ayer no sólo marcó el cierre de semestre de un taller. Fue mucho más que eso. En el corazón del oriente de San Juan del Río, dentro del espacio de Ciudad Vive Oriente, se encendió una chispa: jóvenes alzaron la voz, corrieron, volaron, rimaron y resistieron, en un evento que no fue espectáculo, sino manifestación viva de esperanza y memoria.
El performance “Voces en movimiento” fue el acto central del cierre del taller de rap y parkour, Coordinado por la Dirección de Bellas Artes. Pero lejos de quedarse en una simple muestra de habilidades, fue una declaración de principios. Los cuerpos que saltaron, las rimas que se escupieron al aire, los aplausos que retumbaban —todo eso— era un grito colectivo: “Estamos aquí. No nos ignoren”.

El eco de una historia rota… que hoy comienza a sanar
Zay Castillo y Fish Espinosa, instructores de rap y parkour, no aprendieron en salones iluminados ni con micrófonos nuevos. Aprendieron en las calles, en la crudeza de una ciudad que no abrazaba, sino empujaba. En una sociedad que señala más de lo que escucha. Y sin embargo, ayer, lo que se vivio fue lo contrario: niños y adolescentes que hoy sí reciben ese abrazo, ese respaldo que antes no existía, y si existia era muy pequeño.
Los profesores que una vez fueron marginados por practicar «disciplinas sin futuro», hoy transmiten su experiencia desde el otro lado: no como autoridad impuesta, sino como puentes vivos que conectan a los jóvenes con una nueva posibilidad. Ellos rompen el ciclo. Y romper el ciclo es revolucionario.

Padres que no juzgan, sino aprenden
Pero lo más profundo fue mirar a los ojos de los familiares. No eran rostros indiferentes. No había juicio. Había orgullo. Había aprendizaje. Muchos de ellos, quizás, no entienden del todo qué es una barra, una rima o una precisión en salto libre. Pero entendieron otra cosa: que sus hijas e hijos necesitan expresarse, necesitan espacios para ser ellos sin miedo.
Y eso es actuar. Eso es humanidad.
En un país donde aún pesan los estigmas sobre las culturas urbanas, ver a familias enteras emocionarse con una línea de rap, o grabar en su celular un salto impecable en parkour, es presenciar un cambio profundo. Los adultos que hoy acompañan, son parte del futuro que queremos construir.

Una juventud que exige ser escuchada
El 42.9% de la población de San Juan del Río tiene entre 5 y 29 años. Casi la mitad. Pero son los menos escuchados, los más juzgados, los más desprotegidos. En un municipio de más de 317 mil habitantes, esa juventud grita, no por rebeldía hueca, sino porque el futuro se está cerrando como puerta oxidada.
Y lo que vimos ayer fue una manera de resistir ese cierre. Los beats y las rimas no eran sólo canciones, eran testimonios. Cada verso, cada salto, cada movimiento fue un intento —potente y sincero— por abrir un espacio donde caben los sueños, donde se puede decir “yo también importo”.
Y TODOS también formamos parte de esto. No somos intérprete ni maestros. Somos testigos. Pero más que eso, somos parte de una generación que carga las mismas preguntas, las mismas heridas. Nos vemos en los ojos de quienes rimaban su dolor, su rabia y su esperanza. También gritamos por un futuro digno.
“Voces en movimiento” fue exactamente eso: una suma de voluntades que no se conforman con sobrevivir, que buscan algo más profundo: vivir con dignidad, con arte, con libertad. Ayer no se cerró un semestre. Se abrió una posibilidad.
